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La Importancia del Maíz Mexicano

   
 
LA IMPORTANCIA DEL MAÍZ MEXICANO
La domesticación y desarrollo del maíz fue un proceso que incluyó, sobre todo, diversas áreas del sur y el centro de México. Proceso de creación colectiva de todos los pueblos que desde la antigüedad ocupan esta porción de la tierra americana. Lo que requirió del interés, la sabiduría y la pasión de miles de experimentadores agrícolas durante miles de años. Así se domestica esta planta milagrosa.

Hazaña cultural que a los mexicanos nos remite a la necesidad de reconocer, reclamar y proteger la rica herencia de conocimiento botánico, de ingeniería genética, que nos legaron como parte de un modelo cultural nuestras culturas prehispánicas, nuestros indígenas, nuestros campesinos.

La planta del maíz es un pasto anual gigante de la familia de las gramíneas. Forma parte de la familia Maydae que tiene cinco géneros, tres americanos y dos orientales, y es la única especie del género Zea. En la nomenclatura científica se le conoce como Zea mays. Su domesticación data de entre 5,000 y 10,000 años A.C.

La enorme capacidad del maíz para adaptarse tiene que ver con las características fisiológicas de la planta, pero más tiene que ver con el trabajo de domesticación y el conocimiento de los agricultores. Aunque el maíz es una sola especie tiene un gran número de razas y variedades que presentan diferencias amplias entre sí. Ello se manifiesta en el tamaño de las plantas, en el plazo desde la germinación hasta la floración, en el número de hojas y el número de mazorcas, en el tamaño de estas, en la cantidad, el color (blanco, amarillo, rojo y morado o negro) y en el tipo de los granos. Estas y otras expresiones de variabilidad del maíz son adaptadas históricamente por los agricultores a la diversidad de condiciones ambientales: temperatura, altura sobre el nivel del mar, vientos, suelos, humedad, etcétera. Tan sólo en México se han reconocido 41 complejos raciales y miles de variedades.

El maíz, a diferencia de los otros cereales, se puede cultivar en casi todos los climas, casi todas las altitudes y casi todos los suelos. Se cultiva pronto, se almacena con facilidad y se conserva por largo tiempo; se prepara con sencillez y no requiere de equipos complejos para consumirse. Todo puede hacerlo la familia campesina en casa, con sus propios recursos. Por ello, es en los periodos de crisis cuando mejor se muestra la importancia del maíz. Su disponibilidad es una trinchera de seguridad, de sobrevivencia de numerosos grupos sociales en el campo y la ciudad. De ahí que la carencia de maíz se expresa no sólo como hambre, desnutrición y epidemias, sino también como extinción cultural de las sociedades que dependen de él.

Ésta prodigiosa herencia vegetal, actualmente adaptada a casi todas las regiones del mundo, constituye un tesoro genético para el desarrollo de nuevas y mejores variedades del maíz. Por el lugar que ocupa en la alimentación de la población mundial, por sus incomparables cualidades nutritivas, por las ventajas que ofrece para su cultivo y por la diversidad de productos derivados que se obtienen a partir de él, el maíz constituye un bien estratégico mundial. La acumulación histórica de cualidades biológicas a partir de una sola planta original, justifica el título de milagrosa.

El maíz se ha convertido, no sólo en México sino en buena parte del mundo, en sustento permanente de múltiples grupos campesinos, en el alimento barato de millones de trabajadores asalariados urbanos y en materia prima estratégica de la ganadería mundial y la industria de alimentos. Pero por sus versátiles cualidades también podría ser una eficiente base material para organizar una producción libre de explotación y despojo.

Por su importancia este milenario legado genético colectivo se le está convirtiendo en el patrimonio privado de dos o tres empresas transnacionales. El uso de semillas híbridas auxiliadas con fertilizantes ha sido el instrumento con el cual se ha logrado suplantar exitosamente la autonomía productiva de los anteriores productores de semillas criollas. Variedades nativas que, en contraste con las híbridas, eran estables en sus características productivas y no requerían del insaciable necesidad de nuevas semillas y agroquímicos.

Sin embargo, nada ha amenazado a la agricultura y los campos mexicanos como la actual contaminación de nuestras variedades criollas con maíz transgénico estadounidense (sea el maíz BT, ese otro maíz transgénico apto para el consumo de más fertilizantes, o sea el maíz terminator). El banco genético de todas nuestras variedades de maíz que hoy crecen en el campo mexicano, constituye uno de los bienes estratégicos más importantes de la nación. Las empresas transnacionales de la agroindustria y la biotecnología lo quieren contaminar, pues suponen que con los laboratorios, jardines botánicos y bancos de germoplasma de los países del norte, podrían controlar la base general de los actuales procesos de alimentación mundial, prescindiendo de la rica biodiversidad que existe en el agro mexicano. De ahí el ahínco con que dichas empresas se dedican a destruir nuestra agricultura.

La recolección y preservación de las razas y variedades nativas del maíz es una tarea urgente para preservar y desarrollar este complejo y antiguo tipo de producción agrícola sustentable, apto para las condiciones ambientales muy heterogéneas, como las de México. Por la posibilidad de estabilidad productiva, por su antigüedad y por el extraordinario acervo genético que representa, urge cerrar filas entre nosotros para no permitir el saqueo de nuestro patrimonio más valioso.